Casa Tarongers –<= CUA252

Client: Parella amb 3 fills i avia (temporal)
Any: 2025
Ubicació: Cabrera de Mar

SOBRE EL PROYECTO

Vivienda unifamiliar en Cabrera de Mar, Maresme.

Casa Tarongers  — Una casa que mira el paisaje

Esta casa nace de una parcela con una condición topográfica muy particular. El terreno, alargado y con una pendiente pronunciada en el sentido corto, planteaba desde el principio uno de los principales retos del proyecto: cómo construir una casa de más de 300 m² sin luchar contra el desnivel, sino aprovechándolo para generar una manera de habitar propia.

La respuesta fue situar la casa tomando como referencia la cota superior del terreno y trabajar la vivienda en diferentes niveles. Entre la planta superior, donde se concentran las habitaciones, y la planta inferior, destinada principalmente a la zona de día y a un pequeño apartamento, aparece una media planta que permite que la casa se adapte al terreno de manera natural. La planta inferior queda así prácticamente a pie plano con el jardín, mientras que la casa se desplaza respecto a la calle para permitir que una rampa de acceso rodado llegue también hasta esta cota.

Pero el proyecto no nace únicamente de la topografía. Las vistas al mar son otro de los grandes condicionantes de la casa. Desde el principio se trabajó para que los principales espacios tuvieran una relación directa con el paisaje y para que el mar apareciera en diferentes momentos del recorrido por la vivienda. Al mismo tiempo, la casa mira en otras direcciones: hacia la montaña situada detrás de la parcela y hacia el castillo de Burriac, que aparece enmarcado desde dos ventanas concretas de la vivienda.

El objetivo era construir una casa con los espacios necesarios, pero evitando que esta necesidad se tradujera en una sucesión de estancias pequeñas. Se buscaban espacios generosos, nobles y luminosos, con una materialidad vinculada al paisaje de costa y con materiales pensados para envejecer bien y requerir poco mantenimiento, pero sin perder la calidez y la atención por el detalle de una casa pensada específicamente para sus habitantes.

El proyecto de arquitectura e interiorismo se desarrolló de manera muy conjunta con los clientes. Sus preferencias por los materiales, los objetos y determinadas atmósferas se fueron incorporando al proyecto junto con las decisiones arquitectónicas. Los renders tuvieron también un papel importante en este proceso, ayudando a concretar las decisiones antes de comenzar la obra y permitiendo que arquitectura e interiorismo avanzaran en la misma dirección.

El resultado es una casa fuertemente vinculada a su lugar: al desnivel, al bosque, al mar y a las vistas hacia el castillo de Burriac. Una arquitectura doméstica que busca ser generosa en sus espacios pero contenida en sus recursos, y que utiliza la sección, la luz y los recorridos interiores para construir una experiencia cambiante de la vivienda.

Postura — Construir a partir del desnivel

El principal reto de la parcela era su topografía. La pendiente se produce en una distancia relativamente corta y hacía difícil resolver una casa convencional sin generar grandes movimientos de tierras o una sucesión de niveles poco naturales.

La propuesta parte de aceptar esta condición y utilizarla como una oportunidad. La casa se desplaza respecto a la calle y se organiza a partir de diferentes cotas, haciendo que la planta inferior quede vinculada directamente al jardín.

Esta misma estrategia permite resolver otro de los condicionantes importantes del proyecto: el acceso rodado a la planta inferior. La casa se adelanta ligeramente respecto a la posición más inmediata con relación a la calle y permite generar una rampa que pasa por detrás del edificio y llega hasta esta cota.

El resultado es una casa que no intenta ocultar su relación con el terreno, sino que la convierte en parte de su arquitectura.

Paisaje — Una casa que mira en diferentes direcciones

La relación con el paisaje es una de las ideas constantes del proyecto.

El mar, visible desde diferentes espacios de la casa, fue uno de los condicionantes principales a la hora de organizar la distribución y orientar las aperturas. Pero la casa no mira en una única dirección. También busca las diferentes escenas que ofrece el entorno inmediato: la montaña situada detrás de la parcela, la vegetación y, especialmente, el castillo de Burriac, que queda enmarcado desde dos ventanas concretas de la vivienda.

Así, las vistas no se concentran en un único gran ventanal. Aparecen a lo largo de los recorridos, desde las estancias principales y también en momentos más inesperados de la casa.

El paisaje se convierte así en una sucesión de fragmentos que van apareciendo mientras se habita el edificio.

Sección y recorridos — La media planta como espacio de relación

Una de las particularidades más interesantes de la casa es la manera en que la sección organiza la vida cotidiana.

Entre la planta de las habitaciones y la planta inferior, donde se concentra la zona de día, aparece una media planta que genera una relación visual y espacial muy rica entre los diferentes niveles.

En lugar de separar completamente las plantas, la escalera se convierte en un elemento de conexión. Adquiere protagonismo dentro de la casa y funciona como un transmisor de luz entre los pasillos de la planta superior y la zona de día inferior.

Los recorridos dejan de ser simplemente espacios de paso y pasan a formar parte de la experiencia de la vivienda. La casa se descubre a través de secciones, perspectivas, luz y vistas que van cambiando a medida que nos movemos.

Luz — Una casa atravesada por la luz

La sección y las aperturas trabajan conjuntamente para llevar luz al interior de la casa.

El espacio central de la escalera es especialmente importante en este sentido. Las aperturas situadas en diferentes niveles permiten que la luz natural penetre hacia las zonas interiores y refuerzan la relación visual entre las plantas.

La luz también contribuye a hacer perceptible la materialidad de la casa. Las superficies claras del interior, la madera y los revestimientos exteriores adquieren diferentes tonalidades a lo largo del día según la orientación y la incidencia del sol.

En el exterior, las grandes terrazas y porches amplían esta experiencia. La sombra de las barandillas, los árboles y los elementos de la arquitectura se proyecta sobre el pavimento y convierte la luz en un elemento más de la composición.

Materialidad — Costa, tierra y tiempo

La materialidad buscaba una relación directa con el entorno y con la condición de casa de costa.

Se escogieron materiales con una vocación de durabilidad y bajo mantenimiento, evitando al mismo tiempo una arquitectura excesivamente estandarizada o impersonal. La voluntad era que los materiales tuvieran carácter y que la casa pudiera envejecer con dignidad.

En el exterior, el revestimiento de tonalidad terrosa relaciona el edificio con el terreno y con los colores del paisaje. Es un color inicialmente potente, pero pensado también para que, con el paso del tiempo, la acción del sol y el envejecimiento natural de las superficies, las tonalidades se vayan suavizando.

La cerámica de los espacios exteriores, la piedra, la madera y los elementos metálicos completan una paleta material sencilla y vinculada al carácter mediterráneo del entorno.

La casa también busca integrarse en la percepción del barrio. Su volumetría y los tonos terrosos hacen que, vista desde la distancia, la vivienda dialogue con la vegetación y el paisaje en lugar de competir con ellos.

Interiorismo — Una casa pensada para ser vivida

El interiorismo se desarrolló de manera muy vinculada al proyecto arquitectónico y con una participación activa de los clientes.

La casa necesitaba un número importante de espacios, pero la voluntad no era multiplicar habitaciones ni fragmentar la superficie. Se buscaban espacios grandes, generosos y nobles, capaces de adaptarse a la vida cotidiana de la familia.

La clienta tenía una sensibilidad especial hacia los materiales, los objetos y los detalles, y muchas de las decisiones de interiorismo se fueron desarrollando conjuntamente con el equipo de arquitectura. La madera, los tonos naturales, las superficies claras y los elementos seleccionados por los habitantes aportan calidez a una arquitectura de líneas más contundentes.

Los espacios de almacenamiento integrados, como la gran biblioteca que acompaña a la escalera, contribuyen también a dar carácter a la casa e incorporar la vida de sus habitantes a la propia arquitectura.

El resultado no busca una imagen de interiorismo neutra ni de vivienda de promoción. Es una casa con una identidad propia, construida a partir de las preferencias, los objetos y la manera de habitar de sus propietarios.

Una arquitectura pensada hasta la obra

La definición previa del proyecto tuvo un papel importante durante la construcción. El trabajo con renders permitió concretar materiales, atmósferas y decisiones de interiorismo antes de llegar a la obra, facilitando que el proyecto pudiera ejecutarse con una idea compartida entre propiedad, arquitectos y constructor.

La dimensión de la vivienda y la complejidad de la parcela hacían especialmente importante controlar los movimientos de tierras y evitar desviaciones innecesarias. La obra avanzó de manera muy fluida gracias también a la implicación y profesionalidad del equipo constructor.

Como en cualquier obra, aparecieron incidencias puntuales, entre ellas algunos problemas relacionados con la ubicación de maquinaria y vibraciones, que finalmente se resolvieron.

El resultado final es una casa que responde a las condiciones particulares del lugar sin renunciar a una arquitectura doméstica, cálida y muy vinculada a sus habitantes.

Despacho de Arquitectura Transversal Arquitectes.
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